Efectos de alimentar a la fauna silvestre

Muchas veces, como fotógrafos de naturaleza, nos encontramos ante un límite muy angosto entre conseguir una foto increíble y perturbar al sujeto que estamos queriendo fotografiar. Si bien la motivación y el impulso de lograr la mejor imagen nos lleva a mejorar en nuestra actividad, no hay que olvidarse que tenemos la responsabilidad de ser los primeros en respetar la fauna. Si no lo hacemos nosotros, ¿cómo pretendemos que lo haga alguien que visita por primera vez un área natural protegida?
El hecho de alimentar a la fauna silvestre es un claro ejemplo de un comportamiento que atenta contra su cuidado.

Este hecho, no se limita a nuestra actividad. Si alguna vez visitaron un área protegida como las Cataratas del Iguazú en Misiones, habrán notado que los Coatíes y los mono Caí están demasiado acostumbrados a que los turistas los alimenten, habiéndose convertido en un importante problema a pesar de los esfuerzos y la cartelería que lo prohíbe.

Lo mismo ocurre en otra provincia como Chubut, donde en Caleta Valdés o Punta Marqués peludos y zorros tienen la misma costumbre. Ambas especies son tímidas, pero cuando comienzan a llegar los coches, se suelen acercar a las personas. Este comportamiento se debe a que los visitantes suelen alimentarlos permanentemente, y ellos relacionan a las personas y los automóviles con comida.

Pero ¿por qué puede ser peligroso este hábito? En primer lugar, todos los animales tienen dietas naturales específicas y, consecuentemente, tipos de bacterias digestivas. Nuestros alimentos, generalmente ultra procesados, están muy alejados de estas dietas, y puede provocar que los animales se enfermen.

Por otro lado, corren riesgos de ser atropellados por un auto si está cerca de esta zona; además, comienzan a actuar por demanda, y si no encuentran alimento, se ponen muy agresivos pudiendo ocasionar heridas importantes. Por último, en algunas zonas donde la caza furtiva es frecuente, los animales en permanente contacto con humanos pueden perdernos el miedo y caer fácilmente en las manos de aquellos que practican estas actividades ilegales.

Tampoco hay que olvidar que, si bien están acostumbrados a las personas, están lejos de ser domésticos, y acercarse mucho a ellos puede ser un peligro.

Como asociación, AFONA promueve el desarrollo de herramientas que eduquen a los fotógrafos sobre cómo trabajar de manera más ética cuando están en el campo. Nuestro Código de Ética ha servido como guía para fotógrafos de campo de todos los niveles de experiencia, abordando cuestiones relacionadas con la vida silvestre y sus hábitats.

¡Salgamos y disfrutemos fotografiando la vida silvestre de manera ética y responsable!