Mostrar grande lo pequeño

Cómo entrar al mundo de la fotografía macro.

Por Delia Pereira

La artista plástica estadounidense, Georgia O’Keeffe decía “nadie contempla realmente una flor. Es tan pequeña -no tenemos tiempo-, pero para mirar se necesita tiempo” y, por eso mismo, ella se había propuesto pintarlas bien grandes para que la gente se tome el tiempo de contemplarlas. Quizá sea eso lo que hace la fotografía macro: nos muestra bien grande lo pequeño que nos rodea y que, generalmente, no observamos.

Probablemente esa sea la razón por la que nos llama tanto la atención este tipo de fotografías. Solemos quedarnos tan sorprendidos y fascinados ante los particulares rasgos del rostro de un insecto, las texturas, tonos y el color de los pétalos de las flores o los detalles más finos de una simple gota de rocío, que no podemos obviarlos.

La definición más habitual dice que la Fotografía Macro es la técnica fotográfica que consiste en tomar primeros planos de objetos pequeños, haciendo que parezcan más grandes de lo que son en realidad. Sin embargo, hay quienes consideran que la macrofotografía es, estrictamente, la que reproduce una imagen en una relación de tamaño 1:1, es decir que un centímetro en el mundo real se proyecta como un centímetro en el sensor de la cámara, y reservan la denominación fotografía de aproximación para las que están por debajo de esta proporción, pero muestran al sujeto aumentado en su tamaño.

Por otro lado, están las fotografías hechas con microscopio, a las que se suele llamar fotografías de macro extremo o fotomicrografía.

En la práctica, consideramos macrofotografía o fotografía macro, sin mayores distinciones, siempre que nos estemos refiriendo a fotografías con grandes aumentos.

Lo común, en especial para quienes nos dedicamos a la fotografía de naturaleza, es ver fotografías macro del mundo natural, pero éste no es su único ámbito de aplicación; también es utilizada para la investigación científica, sobre todo en biología, física y química. Igualmente, podemos hacer fotografías macro de los objetos cotidianos e incluso de las texturas de plantas o lo que tengamos a mano, buscando colores y composiciones novedosas para lograr imágenes abstractas muy interesantes.

Para los fotógrafos de naturaleza, este tipo de fotografía resulta muy atractiva, pero no siempre nos atrevemos a cultivarla. Tal vez porque consideramos que reviste un alto nivel de dificultad o que requiere un equipamiento sofisticado o caro. Sin embargo, si bien tiene sus desafíos, como cualquier otro tipo de fotografía, dedicarse a ellas puede resultar sumamente entretenido y mucho más fácil de lo que parece. Y, al menos para empezar, no requiere contar con grandes recursos.

EL EQUIPO IMPRESCINDIBLE.

En principio, se puede realizar con cualquier clase de cámara, e incluso con la cámara de un teléfono. Los más nuevos tienen lentes especiales que lo hacen aún más fácil. Más allá de la cámara que utilicemos, es imprescindible contar con algún elemento que oficie de “lupa” y haga posible el acercamiento necesario para obtener fotografías con grandes aumentos.

Si bien la mejor opción es contar con lentes macro, existen varios elementos que pueden sustituirlos a costos menores y con los cuales podemos experimentar antes de decidir invertir en un lente nuevo.

Las lentillas

Una de las opciones más económicas son las lentillas de aproximación que, en esencia, son pequeñas lupas que se colocan en el extremo del lente como si fueran filtros, y que permiten reducir la distancia mínima de enfoque de cualquier objetivo y aumentar instantáneamente su capacidad de aumento. Vienen en juegos de tres aumentos y se pueden acoplar entre ellas. De esta manera, con un lente kit estándar de 18-55 mm o una lente fija de 50 mm, e incluso con una cámara que no tenga lentes intercambiables, podremos hacer fotos macro con relativa facilidad. Además, permiten modificar la apertura del diafragma para controlar la profundidad de campo y no interfieren en la llegada de luz al sensor.

Sin embargo, las lentillas de aproximación traen aparejadas aberraciones cromáticas y ópticas, en especial en los bordes, afectando de ese modo la calidad de las fotografías, pero tienen la ventaja de su bajo costo. Están bien para comenzar a probar y hacer los primeros intentos, pero su escasa calidad en la toma final hará que, en algún momento, deseemos buscar otras opciones.

Dentro del mundo de las lentillas existen en el mercado unas que sorprenden por su calidad. Son las fabricadas por la empresa japonesa Raynox, y ofrecen la mejor relación precio – calidad. Están hechas con cristales de alto índice de refracción y proporcionan una nitidez excepcional, por lo que las imágenes que producen son muy buenas.

Las dos más populares son el DCR-150 y el DCR-250, que vienen con un adaptador ajustable de 52-67 mm que hace posible usarlas con diferentes tipos de lentes.

El DCR-150 tiene una distancia de enfoque de aproximadamente 200 mm y el DCR-250 de aproximadamente 100 mm. El aumento, por supuesto, depende del objetivo utilizado. El DCR-250 ofrece mayor magnificación porque permite acercarse más al sujeto, pero al mismo tiempo, requiere mayor experiencia, ya que lograr el enfoque justo reviste cierta dificultad.

Si ya tenemos un lente macro, podemos adosarle las Raynox y ampliar las posibilidades de aumento. Si queremos iniciarnos en el mundo de lo pequeño, a un costo muchísimo menor que el de un lente macro específico, estas lentillas son las ideales.

Los tubos de extensión

Básicamente se trata de un tubo hueco, sin ningún tipo de elemento óptico, que se coloca entre el cuerpo de la cámara y el objetivo, aumentando el espacio entre ellos. De esta manera se logra reducir la distancia mínima consiguiendo un mayor acercamiento al sujeto, lo que redunda en el logro de imágenes ampliadas de éste.

Los tubos tienen la ventaja de su bajo costo, su fácil transporte y, que pueden usarse casi con cualquier lente, proporcionando una calidad uniforme y predecible. Sin embargo, también tienen sus desventajas: salvo que sean tubos con conectores electrónicos, (que son más caros que aquellos que no los tienen), desaparece la comunicación entre el objetivo y la cámara y, con ella, todos los automatismos, incluido el control del diafragma. Esto dificulta el cambio rápido de sujetos o de niveles de aumento diferentes. Se pierde, además, la capacidad de enfocar al infinito y algo de luz. Amén de esto, en algunos casos se pueden producir difracciones.

Aún con estos obstáculos, los tubos de extensión son herramientas muy útiles para lograr fotografías macro con lentes comunes, y también para mejorar el aumento de los lentes macro.

Los anillos de inversión

Esta es otra herramienta económica, que en conjunto con cualquier lente, nos permite incursionar en el mundo macro sin tener que realizar onerosas inversiones. Son adaptadores especiales que permiten colocar al revés el objetivo a la cámara. Esto significa que la parte del lente que habitualmente va unido a la cámara, queda hacia adelante y, la parte delantera se une, anillo mediante, al cuerpo de la cámara. El objetivo, colocado de esta manera, pasa a convertirse en una lupa y, por ende, nos permite obtener las deseadas macrofotografías.

Su desventaja está en que se pierden luz, profundidad de campo y calidad óptica por la disminución del rango de distancia de enfoque, y en que aumentan las aberraciones cromáticas. También se reduce significativamente la flexibilidad de disparo porque, al igual que con los tubos de extensión, se pierden los automatismos. A pesar de estos inconvenientes es una opción económica interesante, para quienes se inician en este tipo de fotografías.

El objetivo macro

Esta es, sin lugar a dudas, la mejor opción de todas si ya fuimos atrapados por el fascinante mundo de lo diminuto, pero también la menos económica. Sin embargo, es muy recomendable invertir en un buen objetivo macro.

Afortunadamente en el mercado existen diferentes opciones, y no es necesario optar por los más caros o de última generación. Hay muy buenos lentes a costos asequibles, amén de que hay un buen mercado de usados, donde su pueden conseguir aún mejores precios. Lo que realmente importa es su capacidad de acercamiento al sujeto.

Para flores, hongos y plantas, se recomiendan los objetivos de 90, 100 y 105mm, que tienen, además, la ventaja de no ser muy pesados. Existen otros que están entre los 150 y 200 mm logrando mayores aumentos, pero mucho más costosos y complejos a la hora de enfocar.

Con distancias focales más cortas, de entre 30 y 60 mm que, si bien son más económicos, nos dificultan un poco la tarea ya que para lograr el aumento deseado, deberemos acercarnos demasiado al sujeto; pero, sin dudas, son una opción viable. Sobre todo para sujetos inmóviles.

El equipo opcional

Aunque se pueden hacer muy buenas fotos macro sólo con una cámara, un lente y un accesorio adecuado, la realidad nos va mostrando que, en muchas ocasiones, sobre todo a medida que avanzamos en este terreno y vamos definiendo qué tipo de sujetos fotografiar y de qué manera, surge la necesidad de incorporar otros elementos que nos ayuden a lograr buenas imágenes.

El Trípode

Una de las características de los lentes macro es que tienen poca profundidad de campo. Esto hace necesario trabajar con aperturas ultra estrechas, y, por ende, con velocidades bajas. En consecuencia, sostener la cámara con las manos deja de ser una buena opción si queremos evitar la trepidación, y el trípode pasa a ser una herramienta necesaria.

Si lo que nos gusta es hacer fotos al aire libre, lo mejor es optar por trípodes livianos pero fuertes. En estos casos los de fibra de carbono pueden ser una excelente elección. Es necesario, además, que sean flexibles, con patas ajustables de forma independiente para que podamos adaptarlos a las ondulaciones del terreno y/o a la ubicación de nuestro sujeto, que suelen requerir que hagamos tomas bajas, a veces casi al ras del suelo.

También puede ser útil contar con un trípode con columna, ya que, en la mayoría de los casos, permiten colocar la cámara invertida o dan la posibilidad de poner la columna en horizontal y así situar la cámara en posiciones más adecuadas para lograr la foto deseada. Si bien, en ocasiones, esto puede generar posturas incómodas para el fotógrafo, resultan de gran ayuda para lograr cierto tipo de tomas. Algo a lo que debemos prestar mucha atención cuando usamos el trípode de esta manera, es a la estabilidad de la cámara, ya que el dispositivo podría dejar de estar equilibrado y propiciar caídas.

En cuanto a la rótula, cualquiera que fije la posición de la cámara de manera precisa será adecuada, pero lo ideal sería contar con una con movimientos milimetrados, aunque por su elevado costo resulta difícil adquirirlo si no contamos con un presupuesto adecuado.

El flash

Debido al aumento que se requiere y a la poca profundidad de campo, es necesario que usemos diafragmas cerrados. Esto suele generar la necesidad de luz adicional. Con mayor razón si consideramos que en muchas ocasiones los sujetos se encuentran en lugares con poca iluminación. En estas situaciones el uso del flash suele ser la solución más adecuada, aunque no la única.
Son dos los tipos de flash diseñados específicamente para las fotografías macro, los anulares y los paralelos. El primero consiste, como su nombre lo indica, en un anillo que se enrosca en la parte frontal del lente y desde allí, proyecta una luz uniforme sobre el sujeto, que evita que se formen sombras.

El otro tipo de flash que se ofrece en el mercado, son los llamados “paralelos”. Se trata de dos cabezales montados a cada lado del objetivo, que aportan luces laterales y que, también darían una iluminación uniforme y equilibrada.

Si no queremos entrar en gastos, la mejor opción es utilizar un flash convencional, adosándole un difusor cuya función es difuminar la luz que emite la fuente. Al utilizarlo, es recomendable hacerlo con un número de guía bajo (10-20) para proporcionar la iluminación necesaria, sin sobreexponer los detalles delicados.

Como hemos visto, hacer fotografía macro no requiere grandes gastos ni un esfuerzo desmesurado. Sólo es cuestión de tomar la decisión, conseguir algunos elementos de los aquí señalados y, sobre todo cargarnos de curiosidad y entusiasmo para salir a buscar a aquellos pequeños sujetos que creemos que valen la pena “pintar bien grandes para que la gente se tome el tiempo de contemplarlas”, como decíamos al inicio de este artículo.

En la próxima entrega, acercaremos algunas recomendaciones para que se puedan lograr mejores resultados en este empeño.